GAUVARD, Claude, «De Grâce especial». Crime, Etat et société en France à la fin du Moyen Age

Bueno. Hace un puñado de años, en algún momento escribí esta reseña sobre lo que entonces era una obra reciente y poco conocida en España. Al final, y como era de esperar, no me la publicaron en ningún sitio. Ya la había olvidado, pero hoy la he encontrado en un viejo diskette y me he dicho: Voy a darme el gusto de publicármela yo ahora. Era joven, ingenuo y me permitía mostrarme crítico con madame Gauvard. Hoy quizás ya no me atrevería, porque con el tiempo se ha convertido sin duda en la mejor especialista sobre el tema de la delincuencia medieval.
GAUVARD, Claude, «De Grâce especial». Crime, Etat et société en France à la fin du Moyen Age, Publications de la Sorbonne, París, 1991. 2 vols.

El estudio de la delincuencia ha atraído con fuerza a los historiadores franceses afectos a la escuela de los Annales, por lo que la obra de Gauvard, dentro del contexto de la historiografía francesa, no supone ninguna novedad, ni temática ni metodológicamente. Ahora bien, al margen de las declaraciones de intenciones que preceden a muchos trabajos, y que claman por una interdisciplinaridad a duras penas conseguida en la mayor parte de los casos, el intento de Gauvard por abordar una historia de la criminalidad en los confines de diversas disciplinas, delimitando un territorio fronterizo entre la psicología, la antropología, la sociología y la historia, puede ser calificado de meritorio. En efecto, la vocación interdisciplinar que se proclama en la introducción reaparece continuamente a lo largo de las páginas de la obra, y no de un modo gratuito, sino en un intento de sumar a la perspectiva del historiador las del antropólogo, el sociólogo o el psicólogo, en aquellos temas o campos en que pueden aportar elementos de análisis de interés.
La estructura interna de la obra está concebida como un camino descendente desde el delito hasta los rincones más insignificantes de la sociedad medieval francesa, haciendo buena la propuesta que hace años hizo M. WEISSER (inmerecidamente ausente de la bibliografía del libro), en el sentido de que el estudio de la delincuencia de un periodo histórico debía intentar arrojar luz sobre muchas facetas no delictivas de una sociedad.
La primera parte de la obra – Cerner le crime- nos introduce directamente en la delincuencia medieval francesa de fines de la Edad Media, comenzando con un análisis descriptivo y crítico de las propias fuentes de información que están al alcance del historiador, de sus limitaciones y lagunas. La autora menciona una amplia gama de fuentes aptas de aportar informaciones sobre la delincuencia de los siglos XIV y XV: actas del Parlamento, ordenanzas locales, documentos judiciales relativos a la justicia real y a las señoriales, crónicas, tratados teóricos de juristas, etc. (pp. 17-60). Sin embargo, sobre esta diversidad de fuentes Gauvard destaca las cartas de perdón reales, que constituyen la principal fuente de su estudio. No se trata de una fuente nueva, puesto que ha sido utilizada con anterioridad para abordar otros estudios (BOURIN-CHEVALIER), pero el análisis sistemático de estas cartas de perdón para todo el territorio del reino francés sí que constituye una novedad, y supone un esfuerzo analítico de enormes dimensiones. La autora extrae sus datos cuantitativos sobre el delito mediante el despojo sistemático de un total de 3.752 cartas de perdón para el periodo de 1380 a 1424, recurriendo para el periodo anterior y posterior a un “muestreo” de otras 7.500 cartas. Teniendo en cuenta el tipo de información que ofrece esta documentación (edad de los acusados, lugar de nacimiento, estatus social, profesión, domicilio, antecedentes penales, hora, lugar, día y circunstancias del crimen, víctima, etc., etc.), no se puede negar que los datos cuantitativos sobre los que se basa el estudio tienen escaso parangón con cualquier otro estudio sobre la delincuencia medieval elaborado hasta la fecha.
La primera parte del libro continúa con una aproximación a diversos aspectos del delito: desde el vocabulario y su relación con la realidad (pp. 111-144) hasta las percepciones de la sociedad sobre el crimen, destacando el papel que la inseguridad -real o percibida- juega en la consolidación de las estructuras estatales en Francia a fines de la Edad Media: “La réforme du royaume qui accompagne la naissance de l’Etat se veut purificatrice, en ce sens que, par une répétition ordenée du mal, elle l’exorcise…” (p. 236).

La segunda parte del libro -Un monde ordinaire-, nos introduce en un juego constante de antinomias que pretende descubrir las distintas características del delito y de los delincuentes medievales franceses. Ciudad-campo, hombre-mujer, joven-viejo, integrado-marginal y normal-patológico son las contraposiciones que propone Gauvard para ir recorriendo distintos aspectos de la delincuencia. Cada apartado se acompaña de un ingente aparato gráfico-estadístico, extraído de las cartas de perdón, para descubrir cuáles son los polos predominantes en la delincuencia medieval francesa. Las conclusiones pretenden, en gran parte, descubrir “l’originalité de ce qui peut être considéré comme le grande criminalité médiévale” (p. 241), siguiendo en esto el intento de J. CHIFFOLEAU de definir un modelo de delincuencia medieval, aunque matizando que la pervivencia de tal modelo sobrepasa los límites tradicionalmente establecidos de la Edad Media (p. 243).
Las conclusiones de Gauvard sobre la delincuencia medieval podrían resumirse, siguiendo los capítulos de esta parte del libro, de la siguiente forma: predominio de los delitos violentos sobre los delitos contra la propiedad, base del modelo de delincuencia medieval (pp. 241-243), uniformidad del modelo de delincuencia medieval en todas las regiones del reino de Francia (pp. 246-250), inexistencia de diferencias entre la ciudad y el campo (“… on y pratique les mêmes types de crime, mais encore les criminels y mélangent leurs origines”, p. 268), predominio masculino entre los delincuentes (“la violence se conjugue au masculin”, p. 307) y, por último, frente al delincuente profesional -¿patológico?- predominio mayoritario del delincuente ocasional -normal- (“…nombre impressionant de criminels au profil désespérement ordinaire”, p. 472).
Lo cierto es que esta caracterización del delito y de los delincuentes medievales se apoya en un análisis muy cuidado de las cartas de perdón, alternándose menciones a otras fuentes que apoyan las imágenes extraídas de esta documentación. Independientemente de la validez de una fuente tan parcial como las cartas de perdón para definir en términos cuantitativos toda la delincuencia de un periodo, lo cierto es que la aproximación de Gauvard a temas como la violencia sexual, el papel social de los jóvenes, la marginación desde diferentes puntos de vista, las mentalidades y percepciones del espacio y de las fuerzas sobrenaturales, etc. supone algunas de las páginas más brillantes de la obra, y donde el recurso a la antropología se hace sentir, de una manera muy seria, como perspectiva ineludible.
La única crítica que puede hacerse a esta caracterización de la delincuencia medieval, desde mi punto de vista, es la excesiva extrapolación de la información de las cartas de perdón. En otras palabras, las cartas de perdón son un arsenal inmejorable para conocer muchos aspectos del delito, pero no todos los delitos eran perdonados, por lo que no podríamos concluir que los rasgos deducibles de esta fuente sean definitorios de la delincuencia medieval. Lo más perdonable en la Edad Media no tiene por qué representar a lo más común, por lo que intentar establecer o apoyar un modelo de delincuencia medieval basado exclusivamente en las cartas de perdón es, cuando menos, peligroso. El hecho de que entre los delitos perdonados predominen aplastantemente los asesinatos (57%), frente a un número escaso de robos (18%), no puede extrapolarse para caracterizar globalmente a la delincuencia del periodo, máxime cuando algunas estadísticas extraídas de otras tipologías documentales francesas de la misma época que estudia Gauvard muestran grandes disonancias, que no pueden pasarse por alto. Los registros judiciales del Chatelet (corte de justicia real de París) estudiados por GEREMEK, ofrecían un predominio del robo entre los delitos registrados entre 1389-1392 (66%), hecho que Gauvard achaca, demasiado cómodamente, a que esta documentación no resulta fiable por su carga de propaganda política (pp. 273-274).

Sin lugar a dudas, la violencia era un elemento destacado de las sociedades medievales, pero no cabe duda de que el delito contra la propiedad debía tener una presencia mucho más importante que la reflejada en las cartas de perdón. Probablemente era más susceptible de perdón un ciudadano “normal” que mataba a un individuo en una disputa acalorada que un “marginado” que robaba para comer, pero ello no quiere decir que el homicidio fuera el delito más típico del medievo, ni que el robo sea un delito que sólo cobra importancia como consecuencia inexorable del desarrollo capitalista. La comparación de las estadísticas extraídas de las cartas de perdón medievales con los datos sobre el delito contemporáneo francés, obtenidos de denuncias ante la policía (p. 243), supone una de las extrapolaciones más graves que se le pueden achacar a Gauvard.

~ por juanmimen en Enero 7, 2007.

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