Familia y homicidio.

Si es cierto que el homicidio es un crimen de pasión y más susceptible de ocurrir entre personas que se conocen, tendremos que concluir que la familia sería uno de los marcos sociales más propicios para la comisión de homicidios. En efecto, ciertos estudios han demostrado que las cotas de violencia que se alcanzaban en el seno de la familia eran bastante elevadas a fines de la Edad Media, siendo los castigos corporales infringidos por los cabezas de familia bastante usuales y rigurosos . En muchos casos este tipo de violencia se consideraba “legal”, caía dentro de la esfera privada y era una atribución reconocida a los cabezas de familia. En ocasiones los castigos corporales sobre hijos o esposas acababan en muerte, pero aun así el caso no era considerado “homicidio”, sino “infortunio” , y se saldaba con una multa. Bien distinto era si el cabeza de familia era muerto por alguno de los familiares a su cargo; en estos casos el peso de la ley recaía con toda su fuerza contra los culpables .

Pese a esta imagen terrible, que nos presenta a la familia medieval como un marco social profundamente afectado por la violencia y la agresividad, lo cierto es que estadísticamente el grado de violencia intrafamiliar durante la Edad Media parece haber sido menor que el soportado en los siglos posteriores. En Inglaterra se han elaborado aproximaciones estadísticas para el caso de los homicidios, constatándose que en el siglo XIV un 8% de los mismos tenían lugar dentro de la familia biológica (excluyendo aprendices y sirvientes). A fines del siglo XVI los homicidios en la familia suponían ya un 15% de los registrados, cifra que ascendió a un 20% durante el siglo XVII y que en la actualidad se sitúa en torno a un 50% . Al margen del problema que supone comparar fuentes cuyo grado de fiabilidad y ocultamiento han variado con el tiempo, estos datos parecen indicar que hay que valorar la violencia familiar medieval con sumo cuidado, sobre todo evitando incurrir en generalizaciones y simplificaciones que nos lleven a considerar como fenómeno “típicamente medieval” algo que bien pudiera ser una constante de la cultura occidental.

Publicado en J.M. Mendoza Garrido, Violencia, delincuencia y persecución en el Campo de Calatrava a fines de la edad Media. Ciudad Real, 1995, pp. 72-73. Nota: el texto ha sido desprovisto de las notas a pie de página.

~ por juanmimen en Diciembre 18, 2006.

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