Recetas contra la violencia doméstica en la Edad Media.
Más detalle sobre las prácticas mágicas de una hechicera nos ofrece una sentencia de las justicias de Jaén, confirmada en la Chancillería de Granada en 1502 (1) . No estamos ante un caso de brujería con presencia diabólica, que habría supuesto la intervención del brazo eclesiástico de la justicia y una condena seguramente más severa, sino ante una mujer que presta una serie de servicios mágicos por encargo de otras mujeres, siendo éstos de tipo adivinatorio, protector y, lo que es más peligroso, tendentes a ofrecer a las mujeres medios mágicos de influir en la voluntad de sus maridos. La justicia, obviamente, no está castigando la posible superchería de la hechicera, sino la acción de dotar a las mujeres de poder sobre los hombres. La acusación había sido movida por un vecino de Jaén, Pedro Fernández Calderón, aunque no se especifica si había sufrido en sus carnes algún hechizo de la acusada o simplemente había tenido noticia de sus actuaciones. Veamos qué prácticas concretas se achacaban a la hechicera.
En primer lugar podemos considerar las prácticas adivinatorias, no respecto al futuro, sino al pasado inmediato, que intentan ofrecer a sus clientes el conocimiento de lo sucedido a familiares y conocidos que se encuentran lejos.
… otra muger fue a la dicha Leonor de Utrera e le dixo que tenía un yerno preso en Sevilla, e la dicha Leonor de Utrera dixo a la dicha muger que ella haría que viese sy estava preso o estava fuera de la cárçel (…) e la dicha Leonor de Utrera hiso dos rayas en dos piedras, la una blanca e la otra prieta, e tomó un huso e lo ató de una hebra de estopa e lo puso colgando de la dicha hebra ençima de las dichas rayas, e la dicha Leonor de Utrera desía unas palabras e el huso andava muy resio ençima de las dichas rayas…
Mediante instrumentos y palabras mágicas la hechicera puede ofrecer a sus clientes la posibilidad de tener noticia de los familiares alejados, lo cual viene a ser, salvando las distancias y con perdón de la broma, el único servicio de telecomunicaciones disponible para las clases bajas de fines del medievo.
También puede ofrecer nuestra hechicera objetos mágicos que sirven de amuletos protectores al nada desdeñable precio de nueve reales, sobre todo teniendo en cuenta que el jornal por un día de trabajo en el campo, por ejemplo segando, era de un real por esa época (2).
… la dicha Leonor de Utrera dixo a una muger que le basiase un mantillo de alguna criatura con que aviese nasçido e le diese nueve reales, e ella haría escribir unas palabras en el dicho mantillo, e que trayendo su marido de la dicha muger cosido el dicho mantillo en el jubón no avría themor de cosa alguna...
En este caso el poder mágico se vincula con la energía vital de un recién nacido, impresa en el mantillo del parto, y con la fuerza del conjuro mediante palabras mágicas, conocidas por la hechicera pero escritas por mano ajena.
Pero lo que más clientes atrae a la hechicera es el miedo de algunas mujeres hacia sus maridos, la necesidad de buscar el remedio de la magia para domar conductas violentas o de desamor que hacen sufrir a las mujeres y que no tienen otro modo de atajar. Nuevamente es el recurso a objetos mágicos, conjurados con las palabras adecuadas, el que puede devolver la tranquilidad a esas mujeres sometidas a unas difíciles relaciones conyugales. Veamos un remedio para domesticar a un marido violento.
… dixo a otra muger que le buscase e diese un pedaço de ara del altar donde disen misa, e que ella lo conjuraría e ge lo daría para que toviese paz con su marido…
A veces son las madres las que buscan remedio para los malos tratos que sufren sus hijas casadas.
…dixo a otra muger que le traxese un puñado de pan bendito e que tomase un panesuelo que no oviese pecado, e que ge lo traxese e que haría que su marido no hiriese a una su hija…
Por último, la receta más deseada, el filtro de amor que puede conseguir que un marido ame a su esposa y, por ende, no la maltrate.
… le dixo que si quería que su yerno quisiese bien a su esposa, que dixere a la dicha su hija que cuando durmiese con ella cogiese en un pañico de la simiente que echase por su natura el dicho su yerno, e que tomase aquel pañico e lo lavase muy bien, e que con el agua que saliese le aguase el vino quando quisiese bever, e que luego la querría como a Dios…
En cierto modo, es el semen corruptor de la mujer el que, reintegrado de la forma adecuada al cuerpo del varón, creará el lazo indestructible del amor, aunque tal vez el simple hecho de aguar el vino, independientemente del contenido del agua, era ya en sí un mecanismo dulcificador de la conducta del varón. Aunque desconocemos por completo la eficacia del filtro de amor, es innegable que no fueron clientes insatisfechas las que llevaron a Leonor ante la justicia, sino un desconfiado varón que, posiblemente, creía en el poder mágico de esta mujer y, por supuesto, lo temía.
Al final, nuestra hechicera no deja de ser una mujer que pone su presunta sabiduría y poder al servicio de otras mujeres, normalmente con la intención de influir sobre los hombres. La sentencia dictada contra nuestra hechicera manifiesta el temor de los hombres respecto a estas mujeres sabias y poderosas, pero dista mucho de ser tan dura como cabría esperar para un tiempo tan oscuro y despiadado. Un simple destierro de seis meses y el pago de las costas judiciales parecen poco castigo, al menos comparado con el que esperaba a muchas de sus colegas de los siglos venideros, que en plena época de renacimiento de la razón encontraron en la hoguera el fin de sus días. Sí, sin duda se temía a estas mujeres, probablemente porque se creía en su poder y en la eficacia de su magia, pero sobre todo porque parece que, a falta de otros mecanismos de rebelión, la magia era el único enemigo de la hegemonía del genero masculino sobre el femenino.
1. A.Ch.Gr., Registro del Sello, Leg. 5502-nº 84. 1502, septiembre, 23. Ciudad Real.
2. A.H.N., Div., Her., leg. 56, nº13.



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